Pedir cita
Pida cita con nuestros especialistas o contacte para pedir más información.
El autismo es un grupo de trastornos del desarrollo cerebral, a los que se llama colectivamente el Trastorno del Espectro Autista (TEA). El término "espectro" se refiere la amplia gama de síntomas, habilidades y niveles de deterioro o discapacidad que pueden tener los niños con el TEA. El trastorno del espectro autista comienza en la niñez y dura toda la vida. Afecta cómo una persona se comporta, interactúa con otros, se comunica y aprende. Algunos niños padecen un deterioro leve causado por sus síntomas, mientras que otros están gravemente discapacitados. Entorno a un 30-50% de los casos presentan discapacidad intelectual.
El TEA se diagnostica habitualmente de acuerdo con las pautas mencionadas en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Tradicionalmente, el manual ha definido el TEA como cinco trastornos, algunas veces llamados los trastornos generalizados del desarrollo (TGD):
Los síntomas del trastorno del espectro autista (TEA) varían de un niño a otro pero, en general, se encuentran dentro de dos áreas:
El diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista es con frecuencia un proceso de dos etapas. La primera etapa comprende una evaluación del desarrollo general durante los controles del niño sano con su pediatra. Los niños que muestran algunos problemas de desarrollo se derivan para una evaluación adicional. La segunda etapa comprende una evaluación exhaustiva efectuada por un equipo de profesionales expertos en TEA. En esta etapa, un niño puede recibir un diagnóstico de autismo o de algún otro trastorno del desarrollo.
En general, puede brindarse un diagnóstico fiable a los niños con Trastorno del Espectro Autista a los 2 años, aunque algunas pruebas de detección pueden ser útiles a los 18 meses o aun antes.
La intervención temprana puede reducir o prevenir las discapacidades más graves asociadas con TEA. La intervención temprana también puede mejorar el coeficiente intelectual (CI) del niño, el lenguaje y las habilidades tanto sociales como funcionales de la vida diaria, también llamadas conducta adaptativa.
Actualmente se considera que tanto los genes como el entorno desempeñan un papel importante en el Trastorno del Espectro Autista, que afecta a aproximadamente un 1% de la población.
Factores genéticos. En casi 9 de cada 10 casos, si un gemelo que comparte exactamente el mismo código genético con el otro tiene TEA, el otro gemelo también lo padece. Si un hermano tiene TEA, el riesgo de los otros hermanos de desarrollar el trastorno es 20% mayor que el riesgo normal. Sin embargo, aún no se han hallado exactamente cuáles son los genes involucrados. La mayoría de las personas que desarrollan el TEA no han informado antecedentes familiares de autismo, lo que sugiere que posiblemente muchas mutaciones genéticas aleatorias de generación en generación pueden afectar a la persona en riesgo. Las mutaciones pueden heredarse, pero al ser aleatorias algunas surgen sin motivo alguno. Tener un riesgo genético mayor no significa que un niño desarrollará definitivamente un TEA.
Factores ambientales. Hay muchos factores medioambientales bajo estudio: las afecciones médicas de la familia, la edad de los padres y otros factores demográficos, la exposición a toxinas y las complicaciones durante el nacimiento o el embarazo. Como con los genes, es probable que más de un factor ambiental esté involucrado en aumentar el riego del TEA. Y, al igual que con los genes, cualquiera de estos factores de riesgo aumenta el riesgo en una cantidad mínima. Por otro lado, también se sabe que ciertos factores medioambientales pueden afectar a ciertos genes, activándolos o desactivándolos o aumentando o disminuyendo su actividad normal. Este proceso se llama epigenética y es una las líneas de investigación actuales para estudiar cómo se desarrollan y posiblemente cambian con el tiempo trastornos como el TEA.
Dado que aún no se ha demostrado una cura para el Trastorno del Espectro Autista, el tratamiento temprano del TEA, el uso de programas escolares y la obtención de ayuda médica adecuada pueden reducir en gran medida los síntomas del TEA y aumentar la capacidad del niño para crecer y aprender habilidades nuevas.
Intervención temprana
La investigación ha demostrado que la terapia conductual intensiva durante los primeros años y en la edad preescolar puede mejorar significativamente las habilidades cognitivas, sociales y del lenguaje en niños pequeños con TEA, así como la relación entre padres e hijos.
Distintos abordajes se han mostrado eficaces, incluyendo intervenciones familiares e individuales desde etapas tan tempranas del desarrollo como 9 meses, cuando se comienzan a observar signos de riesgo del desarrollo del trastorno. Estas intervenciones están dirigidas a aumentar el uso del lenguaje y la comunicación social, desarrollar habilidades de juego, abordar problemas de conducta o ansiedad, mejorar las habilidades sociales, así como facilitar la interacción entre padres e hijos, reducir el estrés familiar y mejorar sus capacidades de afrontamiento ante la situación.
Niños de mayor edad, así como adolescentes y adultos con TEA pueden asimismo beneficiarse de distintos procedimientos psicológicos y médicos para disminuir la sintomatología TEA, abordar las dificultades sociales y adaptativas, y afrontar otros problemas que acompañen a este diagnóstico.
Farmacología
Algunos medicamentos pueden ayudar a reducir los síntomas. Aunque queremos hacer notar que hay medicamentos que pueden ser recetados aunque sean no específicos para este trastorno. Cada médico determinará en cada caso la necesidad de los mismos. Algunos medicamentos que pueden recetarse no especificados en la etiqueta para niños con TEA incluyen los siguientes: